#MeToo Mx, el principio de buena fe

#MeToo Mx, el principio de buena fe

Es muy difícil mi posición de enunciación, no sólo por haber nacido “hombre” (reconociendo que eso entraña privilegios) sino porque fui denunciado en #MeToo en tres tuits. Desde ahí hablo.[1]En torno a las denuncias que refiero: dos son falsas y una más es una opinión que no refiere hechos específicos que en su caso pudiera reconocer y, de ser necesario, ofrecer disculpas. Traté de comunicarme con las cuentas de twitter de #MeToo que las publicaron para aclarar la situación, pero no recibí respuesta.

Sin embargo, dada la fuerza social que ha tenido #MeToo, estar allí con tres menciones implica quedar estigmatizado, por lo que este hecho ya ha generado afectaciones en mis ámbitos de vida (los tuits fueron dirigidos a los tres principales ámbitos en que me desenvuelvo), y también para la organización en que participo (dado que en dos tuits se refirió mi pertenencia a ella, dando lugar a que, entre otras cosas, incluso se le refiriera específicamente en el Foro #MeToo llevado a cabo en la CDHDF).

Lo que trataré de señalar en este espacio es que (1) creer en las denuncias y (2) tenerlas por ciertas, en un marco institucional se asocian a dos momentos distintos; y que en el contexto de #MeToo estos dos momentos no quedaron bien separados, en buena medida por la espontaneidad de la movilización; aunque podría haber sido necesario separarlos para evitar la estigmatización derivada de denuncias falsas. Quizá si se hubieran recuperado esos momentos, se habrían podido abordar problemas que ahora no terminan de resolverse para quienes estamos fuera, y quizá tampoco para quienes están dentro administrando las cuentas de #MeToo.

1.

El principio de buena fe que rige los procedimientos de atención a víctimas (art. 5 LGV) e investigación de violaciones de derechos humanos (art. 5 LCDHDF), implica la necesidad de creer lo denunciado para tomar medidas inmediatas de atención, protección e investigación. Este principio impulsa la investigación porque, a partir de creer, se procede a verificar los términos en que ocurrieron los hechos y se pueden solicitar medidas precautorias. Por ello, al regular estas medidas se ha establecido que éstas “no prejuzgan sobre la veracidad de los hechos”. Se asume así, desde el inicio, que creer no es igual a veracidad; sin embargo, esto no es una limitación porque simultáneamente se establece que “deberán acatarse por el servidor público o por la autoridad presuntamente responsable, de forma inmediata” (art. 118 RCDHDF). La veracidad viene después, como resultado de la investigación. Creer es necesario al inicio del camino, pero la veracidad debe ser el fin.

#MeToo funcionó a partir de una consigna semejante, #YoTeCreo; sin embargo, en este ámbito no institucional, el momento inicial de creer se volvió también el momento final de veracidad (al menos en las redes sociales y en los demás ámbitos en donde #MeToo logró impactar plenamente) a partir del cuál se condenó y estigmatizó.

2.

Estefanía Vela ha referido que la forma como aconteció la movilización #MeToo fue espontánea, no fue una campaña organizada; y que es necesario considerar esa espontaneidad y no tratarla como campaña. Esto me ha parecido uno de los factores más relevantes y problemáticos. Tengo la impresión de que, con la finalidad de mantener intocado a #MeToo, dada su impresionante efectividad frente a la inefectividad de las instituciones, se prefirió: a) no reconocer públicamente desde allí (y desde quienes le acuerpan) que había varios casos de denuncias falsas, b) no ofrecer disculpas por las posibles denuncias falsas (como al menos desde varias cuentas se dijo que se haría), y c) dejar con el estigma a las personas denunciadas falsamente (simples daños colaterales que se justifican por un fin superior). La superioridad del fin no la pongo en duda: yo no tengo que temer las violencias que las mujeres sí.

Me parece que mantener intocado a #MeToo se volvió un fin en sí mismo, y esto ha tenido consecuencias. Sin embargo, esto quizá podría ser no necesario si se reconociera la espontaneidad de la situación, la posibilidad de errores ligados a esa espontaneidad, y la alternativa de darle una naturaleza diferente en el curso posterior que podría seguir #MeToo.

Para ponerlo claro, creo que tratarlo como campaña ha sido algo que ha venido más desde adentro que desde afuera; y que, por lo mismo, no tratarlo así también depende principalmente de cómo se definan las estrategias desde adentro. Las decisiones que tomen las personas que administran las cuentas de #MeToo son las determinantes.

3.

Un tema que me parece relevante de tratar socialmente al reconocer la espontaneidad, sería dar cuenta de que las denuncias falsas podrían no ser sólo de cerca del 2%. Hay datos que permiten inferir que esta cifra podría ser mayor.

A. De inicio, la idea del anonimato/confidencialidad con base en la cual las cuentas de #MeToo no referían a la persona que realizó la denuncia tuvo varios efectos: a) si los hechos eran ciertos, no necesariamente se resguardaba a la persona denunciante, puesto que al ser verídicos los hechos la persona denunciada podía reconocer a su denunciante (recuérdese que se solicitaba que la denuncia fuera realizada por la persona afectada), y con ello hacer público quién le había denunciado, así como responder sobre la acusación; en cambio, b) si los hechos eran falsos, la persona denunciada no podría reconocer ni quién le denunciaba ni mucho menos responder a los hechos (salvo que fuera posible ofrecer pruebas indirectas de su falsedad, siempre que hubiera algún canal para ello, que no lo hubo). Cualquier persona que pudiera haber identificado esta situación, pudo haber deseado aprovechar la situación y cobrar otras facturas (justificadas o injustificadas). Sin que ese fuera el objetivo, se generaron condiciones que favorecían la falsedad de las denuncias y se mantenían condiciones propicias para la “reacción” de quienes sí hubieran sido agresores.

En el entorno de #MeToo, han referido que el inicio fue el momento más espontáneo y que posteriormente se comenzaron a tomar mayores medidas de control de las denuncias; sin embargo, en general prácticamente no hubo reconocimientos de las denuncias falsas. Éstas aún están allí, mezcladas.

B. Dentro de la información que públicamente se ha podido observar del funcionamiento de las cuentas de #MeToo, algunas de éstas reportaron que en algún momento establecieron criterios de publicación de las denuncias, y proporcionaron números respecto de denuncias no publicadas. Este dato permite observar que la forma de valoración de los casos por incumplir sus propios criterios pudo haber tenido relevancia para el número de casos publicados, y quizá algunos de estos criterios resguardaban mejor de denuncias falsas.

    Fuente: Realizado con información del Foro #MeToo

Para dimensionar estos datos, es posible considerar que, de acuerdo con información del Foro #MeToo, hasta la fecha en que éste se celebró había más de 2040 denuncias (más de 350 en académicos, 59 en activistas, 102 creativos, 250 periodistas, 1279 entre agencias, artes, danza, escritores y música; sin contar otras cuentas como @MeTooAbogadosMX). Si fuese cierto que alrededor del 2% son falsas, habría aproximadamente 41 casos de personas denunciadas falsamente. Sin embargo, si consideramos la diferencia entre cerca del 24% de casos no publicados por las cuentas de creativos y periodistas y el 12.53%  de la cuenta de agencias, quizá podría haber un porcentaje importantemente mayor de denuncias falsas que habrían terminado siendo publicadas.

No olvido que los criterios variaron no sólo en cuanto a la verosimilitud de las denuncias, sino también respecto de lo que se aceptaba como denuncia, por lo que en las cuentas se publicaron de forma indistinta hechos delictivos (por ejemplo, violaciones) y no delictivos (como el envío de mensajes que incomodaban). Sin embargo, se generó una marca prácticamente equivalente para todos los casos, puesto que el tema fundamental era “aparecer en #MeToo”; quienes aparecemos allí quedamos como violentadores sexuales (violadores, acosadores o abusadores sexuales).

C. Los criterios seguidos para la publicación podrían haber sido sólo uno de los filtros que previnieran denuncias falsas, sin embargo, más allá de estos, podría haberse mantenido un mecanismo para que las personas acusadas interactuáramos para verificar los hechos señalados en la denuncia. En los hechos, esto finalmente se omitió desde las cuentas de #MeToo. Pedir que desde ellas verificaran la veracidad o la falsedad de las denuncias podría considerarse excesivo, sin embargo, esto no me parece que derive de una exigencia irracional, sino de que #MeToo ha resultado muy efectivo para visibilizar las situaciones de violencia de género, y cuando uno es señalado ahí se queda con un estigma social muy pesado, particularmente si nos importa el tema y nuestros ámbitos de vida y profesionales están simbólicamente relacionados con ámbitos de quienes hacen #MeToo.

4.

Tengo la impresión de que en los hechos es claro que la veracidad no era el tema de #MeToo, sino el principio de buena fe. Esto es complicado porque, en términos reales, en redes sociales y en muchos otros entornos se le ha tratado en algunas ocasiones como buena fe y en otras como veracidad. Sin embargo, en ambos casos el estigma permanece, porque después de todo desde las cuentas de #MeToo no se termina por decir claramente si consideran que, en todo caso, lo que existe hasta el día de hoy ha sido realizado en un entorno de buena fe, respecto del cual aún estuviera pendiente avanzar hacia la veracidad (en el Foro #MeToo se pidieron respuestas institucionales, pero dejaron claro que no eran #MeToo; también han habido discusiones públicas feministas, pero igual han indicado que no son #MeToo). Me parece que mientras #MeToo siga así, sin abrir hacia el exterior caminos institucionales y sin abrir internamente mecanismos de revisión de los casos, el principio de buena fe y la veracidad seguirán sin distinguirse una de otra, el estigma permanecerá respecto de las personas que fuimos denunciadas y los daños podrán aumentar.

Ante todo esto, ya se ha señalado que surge un conflicto entre dos derechos humanos: la libertad de expresión y el derecho a la honra y dignidad. Pero esto, incluso para las personas denunciadas falsamente, implican mecanismos jurídicos que están dentro de un horizonte no deseado.

5.

En todo caso, habría que recordar que, en el ámbito de la libertad de expresión, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha considerado innecesario probar la veracidad de las afirmaciones, siempre que se trate de interés público (como podría ser el caso de #MeToo), y que existan razones suficientes para justificar la formulación de esas afirmaciones. Esto es, sin quedar en el nivel inicial del principio de buena fe, se considera que el ejercicio de la libertad de expresión implica –por decirlo de alguna forma– un «punto en el camino» (o «punto intermedio») respecto de la obligación de veracidad (que sí recae en las investigaciones de las instituciones). De este modo, la libertad de expresión, para su ejercicio, aún así requeriría ir más allá del principio de buena fe.

Quizá no se pudo llegar a este «punto»; sin embargo, si se reconociera socialmente el principio de buena fe con que se realizaron las denuncias, sin afirmarlo como veracidad, podría abrir un camino para avanzar ante la espontaneidad y rapidez con que han sucedido las cosas, al menos para quienes estamos fuera de #MeToo y fuimos afectados con denuncias falsas (u opiniones sin sustento fáctico), pero que además no quisiéramos representar un problema adicional para su lucha.

Qué debe hacer o no #MeToo es algo que nadie puede pretender decirles. Lo que puedo hacer desde mi posición es tratar de mostrar un poco de lo problemático de la situación en la que varias personas hemos sido colocadas y en medio de la cual tenemos que actuar conforme nos sea posible. Es, además, una forma de expresar parte de lo que deseaba decir directamente a las cuentas de #MeToo, pero que no fue posible porque no respondieron mi comunicación; y, finalmente, es una forma de tratar de evitar que se sigan afectando mis entornos y los de la organización a la que pertenezco (efectoutil.org).

De lo íntimo

Comprendo la relevancia de revisar nuestras conductas y sistema de creencias. A partir la movilización, incluso he podido reflexionar sobre ello. Además, creo que debo mantener mayor apertura para escuchar si alguien desea referirme alguna crítica respecto de mis formas de proceder. Con independencia de lo que por mi parte pueda revisar al respecto, estaré atento a (y solicito como favor) que si alguien de mis entornos ve algo en que crean que debo examinarme, me lo puedan decir para que por mi parte lo revise.

Sé que podrá parecer que estoy atacando a #MeToo, pero en realidad sólo estoy buscando salir de una estigmatización que no puedo cargar gratuitamente. Por el contrario, creo que lo que se ha logrado posicionar desde #MeToo es fundamental para cambiar la situación en que las mujeres se han encontrado y que se ha profundizado en medio de feminicidios y muchas otras violencias de género. Espero que este 6 de mayo tengan las respuestas institucionales que han solicitado.

@cuhtrl


Notas

[1] Evidentemente sé que, en las circunstancias actuales, dado que no se separa la creencia de la veracidad, como se argumenta en este espacio, para muchas personas será fácil desacreditar lo que yo pueda decir. La fe mueve montañas, me recordaba alguien. Sin embargo, reconocer que hubo un número importante de denuncias falsas también da lugar a pensar de qué formas se pudo usar a #MeToo, y a poder reconocer que hay personas que pueden pensar que el fin justifica los medios, y por tanto estarían a favor de validar la estigmatización gratuita, si eso no afecta a los fines perseguidos.


Abreviaturas

LGV – Ley General de Víctimas

RCDHDF – Reglamento Interno de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal

LCDHDF – Ley de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal

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